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sábado, 19 de marzo de 2011

El Misionero David Brainerd

Una de las biografías más alentadoras y retadoras es para mi la vida del primer misionero para los indios norteamericanos, el joven, David Brainerd. Que el Señor tenga más siervos como Brainerd, que entreguemos todo nuestro ser al servicio incondicional a nuestro amado Salvador. Este mundo en oscuridad necesita Cristianos que abracen su cruz y sigan a Cristo, que pierdan sus vidas para hallarla en El (Lucas 9:24), para vivir a plenitud el precioso llamado que tenemos de ser conformados a la imagen de nuestro Señor Jesús, cumpliendo la Gran Comisión que nos ha sido encomendada a TODOS los que hemos creído. Que maravilloso será si llegamos al fin de nuestra vida terrenal habiendo acabado la buena carrera, preparados para verle a El cara a cara y gozar de la plenitud de la herencia eterna que tenemos en Cristo a la diestra del Padre.

Que el Señor nos de el corazon de un siervo, el corazon de un devoto discípulo.
Aprendamos de Cristo y de aquellos que nos antecedieron y ahora nos inspiran en su pasión, devoción, y entrega por la causa de Cristo como David Brainerd, y respondamos al Alto Llamamiento!



domingo, 19 de septiembre de 2010

Vida y Ministerio de George Müller (Parte FINAL)


Fortaleciendo su fe

Jorge Müller insistía que él no tenía un don particular de fe, aunque sí reconocía que la fe es un don. Él animaba a todos los creyentes a que probaran a Dios. Sus opiniones en cuanto a cómo fortalecer la fe eran las siguientes:

"Puesto que la fe es un don, uno lo tiene que pedir. 'Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces...' (Santiago 1 17). La fe es fortalecida al leer cuidadosamente la Palabra de Dios y meditar en ella. Esto te enseñará que, aparte de ser un santo y justo Dios, Él es un Dios cariñoso, amante, benigno, soberano, misericordioso, potente, sabio y fiel, no solamente hábil para suplir nuestra necesidad, pero deseoso de cumplirlo.”

"Es necesario mantener un corazón recto y una buena conciencia. No debemos evitar las pruebas por las cuales nuestra fe recibe fortaleza. En tiempo de prueba, no debemos buscar por nuestras propias fuerzas la liberación, más bien debemos esperar a Dios y la liberación que viene de Él.”

¡Edificando!

Desde el tiempo que se abrió la primera casa, de 1835 a 1845, los orfanatos operaron en casas alquiladas en la calle Wilson. Entonces, en 1845, uno de los residentes de la calle Wilson cuidadosamente le mencionó a Jorge que era incómodo, para algunos de los vecinos, tener tan gran número de niños viviendo en su calle.

Jorge hizo de esto un asunto de oración y anotó las razones por las cuales el orfanato debía quedarse allí y las razones por las cuales se debían cambiar. Una gran consideración era la "regla de oro": "Todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos... (Mateo 7:12). Jorge sabía que él mismo encontraría difícil vivir cerca de tantos niños, a causa del ruido que hacen durante su tiempo de juego. Además, a veces los problemas en el drenaje, que ocasionaba la gran cantidad de niños que vivían en la casa de los huérfanos, afectaban a los vecinos.

Otros puntos a favor de cambiarse eran que: (1) no había espacio adecuado para que los niños jugaran; (2) no había lugar donde los varones aprendieran a cultivar un huerto; (3)ya no había lugar adecuado para lavar la ropa, y sería bueno si las niñas pudieran tener la oportunidad de aprender a lavar; (4) cuando había enfermos, no había algún cuarto desocupado para enfermería; y (5) había una lista de huérfanos quienes querían venir, pero no podían por falta de espacio adecuado.

Considerando todas las cosas, Jorge llegó a la conclusión que debía edificar su propia casa. Él sintió que Dios quería probarle una vez más que Él era suficiente para proporcionarle la cantidad de dinero necesario que esta obra iba a requerir. Jorge sintió que debía construir algunas casas para hospedar a 300 huérfanos, más del doble de la cantidad que ahora tenía bajo su cuidado, los cuales eran 130.

Fue así como Jorge y su esposa comenzaron a orar cada mañana para que Dios supliese de los fondos: unas 10.000 libras esterlinas para comprar el terreno y hacer la construcción. Durante 35 días oraron, pero ni una libra fue dada para el edificio. Luego, Jorge se sintió movido a pedirle al Señor la fe y la paciencia para el proyecto de edificar el orfanato.

Después de treinta y seis días de oración, recibieron un regalo de 1.000 libras para el edificio. Un arquitecto cristiano ofreció sus servicios para hacer el plano y supervisar la construcción, sin cobrar por sus servicios. Jorge sintió que no debía notificar al público de su necesidad ni de buscar fondos; pero sí esperar en el Señor con fe y paciencia, para que el Señor supliera. Él quería que Dios mismo lo hiciera, usando su humilde siervo como medio.

Ashley Down

Después de orar durante tres meses seguidos, Jorge comenzó a buscar un terreno. Encontró unos lugares buenos, pero demasiado caros. Luego, oyó de un terreno en Ashley Down, y le pareció que era lo que buscaba. Fue a ver al dueño, pero no lo pudo encontrar, ni en la casa y ni en la oficina. Le dejó un recado acerca de su propósito, pero sintió que era del Señor el no haberlo podido encontrar ese día. Cuando vio al dueño el siguiente día, supo que el dueño, cuando recibió el recado, se quedó despierto esa noche durante dos horas, pensando a qué precio debía vender el terreno para el orfanato, y determinó venderlo a 120 libras por acre, en lugar del precio de 200 libras por acre que había pedido.

Al mismo tiempo que había esperado en el Señor por fondos para edificar el nuevo orfanato, con la provisión del Señor fue capaz de continuar supliendo a cuatro escuelas privadas con 278 niños inscritos; a una escuela dominical; y a una escuela para adultos. Biblias, Nuevos Testamentos y tratados se consiguieron y repartieron, y más de 595 libras esterlinas fueron dadas para las misiones en el exterior y las locales. Hasta 150 niños cuidaban a la vez. Algunos de los huérfanos se convirtieron y fueron añadidos a la iglesia, al igual que algunos adultos. Un gran gozo para el Señor y la Señora Müller en este tiempo fue que su hija recibió a Jesucristo como su Salvador. Durante 18 meses habían orado por esto.

Era gran gozo para Jorge que Dios le confiara los crecientes fondos para los misioneros de dentro y fuera del país. Él quería ayudar a aquellos que no tenían un salario regular, dándose cuenta que vez tras vez su ayuda financiera había llegado a los misioneros en un tiempo de gran necesidad, y a menudo llegó cuando ellos no tenían nada de dinero. Algunos de los que él ayudaba habían sido previamente hombres de bastante comodidad, pero habían dado todo por seguir a Cristo o todo les había sido quitado por la causa de Cristo.

Jorge también ayudaba a estos hermanos, orando por ellos. Él no dudaba que la fe de estos escogidos siervos de Dios fuera reforzada cuando vieran como Dios les suplía en tiempos de apuro y necesidad. Esto hizo que, más y más, él pidiera a Dios por fondos para ayudarles. Jorge puso diligencia en usar los fondos designados para los misioneros, usándolos solamente para ese propósito, no importaba qué tan escasos estaban los fondos de sus otros ministerios.

Los precios suben

Una vez, pidiendo al Señor por las urgentes necesidades de los huérfanos, cuando la caja estaba vacía, él escribió: "¡Qué bendición es poder acudir al Dios Viviente! ¡Especialmente precioso es conocerlo en este tiempo de tremenda escasez! En este tiempo, para hacer la comida de los huérfanos, las papas están muy caras. El arroz que usamos, en lugar de las papas, cuesta el doble de lo acostumbrado, y la avena, aún más del doble, y el pan subió la mitad sobre su costo.”

"Pero las riquezas de Dios son igualmente grandes como siempre. Él sabe que nuestros gastos son enormes. Él sabe que un poco de dinero no basta en estos días, cuando las provisiones son tan caras, pues son casi ciento cincuenta personas para las cuales tenemos que proveer, incluyendo maestros y aprendices. Mi alma está en paz..."

De este tiempo del alza de precios, él escribió: "Es el tiempo oportuno cuando la vista cesa, para que la fe empiece a funcionar. Entre más grandes son las dificultades, más fácil es la fe. Mientras haya esperanza en prospectos naturales, la fe no obra tan fácilmente como cuando todas esas perspectivas naturales fallan.”

"Es cierto que durante el tiempo de carestía, nuestros gastos eran considerablemente más grandes de lo acostumbrado; también es verdad que muchas personas, que de otra manera hubieran dado, no les fue posible o dirigían sus fondos sobrantes a otras direcciones... el oro y la plata son del Señor. A Él hicimos nuestras oraciones. En Él confiábamos. Y, Él no nos desamparó. Porque pasamos tan fácilmente éste invierno como cualquier otro invierno, desde que esta obra comenzó. No podía ser de otra manera; porque Dios tuvo en este mismo tiempo una oportunidad especial para demostrar que tan bueno es confiar en Él.

"Busca, amado lector, más y más en el depositar tu confianza en Él para todo lo que se refiera a tu vida, y llegarás a reconocer que es muy precioso hacerlo."

Sin duda alguna, que el pensamiento se le turbó con la idéa de que si él era tan pobre cuidando 150 huérfanos, ¿debía él seguir adelante con los planes de edificar y acomodar a 300 huérfanos? Pero vio que las luchas presentes eran solamente una prueba de la fe. Aunque los gastos nunca habían sidos tan grandes, tampoco los regalos que estaban llegando habían sidos tan grandes. "Le será fácil al Señor suplirme con todo lo necesario que requiera la obra, cuando se abra la Casa de Huérfanos, de igual modo que ahora le es fácil darme lo que necesito en estos momentos; aunque los gastos sin duda vendrán a sobrepasar por dos mil quinientas libras al año a las necesidades presentes". Así pensaba Jorge.

Él se deleitaba en las señales de la minuciosa atención de Dios en cuanto a sus necesidades. Por ejemplo, alguien les escribió que por un tiempo tuvo una cantidad de dinero guardado en una gaveta, con las intenciones de mandarlo, pero después sintió mandarlo sin tardar más; y, al recibirlo, se probó ser exactamente la precisa cantidad que se necesitaba para ese tiempo.

Aparte de los afanes financieros de la obra, Jorge también tenía que considerar a los niños que a veces se enfermaban, y en algunos casos parecía que no se sanarían por completo; pues, permanecían enfermizos y necesitaban cuidado extra, y sabiduría tocante a su salud.

Además, los niños mayores necesitaban lugares para servir como aprendices. Y, a veces alguno de los trabajadores de los orfanatos tenía que irse, y le tocó a Jorge buscar a otro para reemplazarlo. No era cosa fácil encontrar trabajadores que fueran adecuados, que sirvieran por amor a Dios y no por recompensa, y que estuvieran listos para aguantar las pruebas y difíciles circunstancias que a veces se enfrentaban.

Él mismo tuvo que mantener el balance entre el servir a sus trabajadores - colegas y mantener el lugar de responsabilidad que Dios le había dado como jefe de la obra. Muchas eran las necesidades de Jorge, las que llevaba al Señor y esperaba en Él por ellas. "Estoy en continua necesidad", tuvo que decir.

Pero, a pesar de todas estas necesidades, pudo escribir: "No encuentro que la vida en conexión con este trabajo sea solamente una vida de pruebas, sino una vida de mucha felicidad. Es imposible describir la abundancia de paz y la suprema alegría que frecuentemente ha fluido a mi alma por medio de las respuestas frescas que he obtenido de Dios, luego de esperar en Él por ayuda y bendición; y, entre más tiempo necesitaba esperar en El o entre más grande fuera mi necesidad, más grande fue el gozo cuando llegó la respuesta, que frecuentemente fue de una manera asombrosa, para hacer así más manifiesta la mano de Dios... No estoy ni siquiera en lo más mínimo, cansado de esta manera de vivir."

Mientras que Jorge supo que Dios oía sus oraciones en cuanto a la necesidad de los fondos para la construcción, dijo: "También sé que Él se deleita en ser seriamente solicitado (Ezequiel 36:37), y que se encanta en la importunidad, o sea, en la oración continua que tan claramente se hace patente en la parábola de la viuda y el juez injusto (Lucas 18:18)'.

Así que, vez tras vez, Jorge oraba a Dios para que Él le supliera de los fondos para las nuevas casas de huérfanos. Su fe no se disminuyó. Tenía confianza que a su tiempo, Dios supliría. Días se convirtieron en semanas y meses, mientras Jorge seguía esperando en Dios por las finanzas necesarias para los edificios. Sus oraciones se convirtieron y fueron caracterizándose por ser fervientes, porque sentía la necesidad, por el amor a los vecinos y a los niños, de comenzar pronto a construir. Además, la lista de huérfanos que querían entrar en el orfanato estaba creciendo.

Jorge se había propuesto a no comenzar a comprar la propiedad y edificar la casa hasta que el dinero llegara. Por fin, después de 607 días de buscar a Dios a diario, llegó la cantidad necesaria y pudo comenzar el trabajo. Más de once mil libras le habían llegado, en respuesta a sus oraciones.

Cuando la casa estaba casi terminada, fondos adicionales comenzaron a llegar. Esos se necesitaban para comprar ropa y artículos personales para los huérfanos adicionales que iban a venir: Sumarían 300 en lugar de los 150 actuales. Cuando se trasladaron a las casas nuevas, había suficiente para los gastos adicionales, aparte de una buena cantidad para cubrir los gastos que tenía que ver con el cuidado de la casa.

Al tiempo que Jorge se estaba trasladando a las más amplias casas, una epidemia de cólera afectó el país, y Jorge se vio obligado recoger a 26 niños que habían perdido a sus padres por la epidemia. Más tarde, se recibieron más niños a razón de la misma causa.

Al mismo tiempo que los gastos del orfanato se aumentaban, Jorge tuvo el privilegio de ministrar a más misioneros sin salario. Y, ¡que gozo fue para él enterarse que esos misioneros tenían ministerios muy fructíferos en ese mismo tiempo!

La segunda casa de huérfanos

Apenas acababan de abrir el nuevo orfanato con capacidad para 300 niños, cuando Jorge comenzó a pensar en otra casa para poder acomodar a 700 niños más, sumando todos 1000 huérfanos. Para comenzar esto, él necesitaba saber la voluntad de Dios, y creía que estaba en buena posición para conseguir esa voluntad de Dios. Escribió:

"La quietud de mente, la condición de no tener nada que ver con mi propia voluntad en el asunto, el tener que ver solamente con el deseo de complacer a mi Padre celestial en esto, el buscar únicamente Su honor y no el propio; en tal condición de corazón consiste para mí en la plena seguridad, que mi corazón no está bajo el estímulo carnal, y que sí recibiré ayuda en esto para poder seguir adelante, conoceré la voluntad de Dios en su plenitud... Para mí, el punto principal en todo este asunto es que el Señor sea honrado. A través de la ayuda de Dios, seguiré esperando en Él, en oración en cuanto a este asunto, día a día, hasta que Él me diga que actúe."

Cuidadosamente, Jorge hizo una lista de las razones que respaldaban la idea de abrir otra casa, y las razones en contra. Una importante consideración fue la de que había 6000 huérfanos encarcelados, únicamente por el hechho de no haber otro lugar para ellos. Estaba en su corazón, no únicamente los propósitos de salvar a los huérfanos de la cárcel y ayudarles a llevar una vida honorable e industriosa en este mundo, sino también el de ganar sus almas para el Señor.

Después de ocho semanas de oración y deliberación, consiguió la paz en su corazón y el gozo espiritual, en cuanto a la idea de agrandar el orfanato. Creyó que sería mejor mantener en secreto el asunto delante del Señor, sin siquiera decirle a su esposa, y continuar orando, para que fuese guardado de errar o de ser engañado. Mientras que buscaba al Señor, orando a solas, en cuanto al asunto, toda incertidumbre desapareció. Sin embargo, resolvió a no comenzar la construcción hasta que el Señor mandara las 35 mil libras que iba a necesitar para la construcción del nuevo edificio.

Jorge creyó que fue un punto de gran importancia, el de "no estar ansioso del mañana, ni andar gastando escasamente [por las necesidades, no para las vanidades], a razón de la posibilidad de no tener lo suficiente para las necesidades futuras, las cuales quizás nunca vendrían; pero solamente considerar que el momento presente es nuestro para servir al Señor, y que el mañana, tal vez, no vendría...".

Cuando él anunció al público acerca de edificar el segundo orfanato, ofrendas pequeñas comenzaron a llegar —regalos de un chelín, dos chelines, tres chelines— de veras, un comienzo pequeño. Pero no se desanimó.

Después de 19 meses de esperar en Dios para los fondos necesarios, Jorge se puso serio en pedir a Dios por donaciones más cuantiosas, pues hasta entonces, había recibido sólo cantidades pequeñas. ¡Qué grande fue su alegría cuando recibió un regalo, dado por varios cristianos, sumando más de 8.000 libras! Respecto a esto, escribió:

“¡Mira qué precioso es el esperar en Dios! ¡Mira cómo los que le confían no son confundidos! Su fe y paciencia pueden ser probadas fuertemente y durante mucho tiempo, pero al fin, es cierto que se verá que los que honran a Dios, Él los honrará, y no permitirá que ellos sean avergonzados. La cantidad fue inmensa, y mientras ella fue usada para refrescar mi espíritu, no fue, ni en lo más mínimo, una sorpresa para mí, porque espero grandes cosas de parte de Dios...".

Reglas para la oración

"Somos recompensados ricamente, esperando en Dios," aconsejó Jorge. "Tú puedes ver cómo Él, en Su corazón, está listo para oír las súplicas de sus hijos, los que confían en Él… Pero, para poder recibir las respuestas a tus oraciones, necesitas exponerle tus peticiones a Dios, basadas no en tus propios méritos, sino solamente en los méritos del Señor Jesús, como base de aceptación delante de Dios por tu persona, oraciones, labores y por todo lo demás.”

"De igual modo, para que tus oraciones sean contestadas es necesario que las cosas que le pides a Dios, sean de la clase de cosas que Dios puede dar, porque conllevan su honra y tu propio bien... Por último, necesitamos continuar en oración hasta que se nos conceda la bendición.”

"No es suficiente el solo comenzar a orar, ni el mero orar correctamente; ni tampoco es suficiente orar de continuo sólo por un tiempo no más; más bien, debemos continuar pacientemente, creyendo y orando, hasta que se obtenga la respuesta. Y aun más, no solamente debemos orar hasta se realice lo que pedimos, sino que también tenemos que creer que Dios nos oye, y que contestará nuestras oraciones. A menudo fallamos en el no continuar en oración hasta que se obtenga la bendición, y en no esperar la bendición. Cada vez que todos estos aspectos se cumplan en una persona, seguramente que se cumplirán las respuestas a sus peticiones".

Jorge vendió los trapos y aun los huesos de los animales que se acumulaban en la casa. Dijo: "Como administrador de dinero del público, creo que es razonable que aun estos artículos sean cambiados por dinero. Tampoco podemos esperar respuestas a nuestras oraciones, sabiendo que se ha permitido pérdida alguna en relación con este trabajo. Puesto que recibimos de Dios el dinero en respuesta a nuestra oración, nos conviene usarlo sabiamente".

En el año 1852, Jorge experimentó la más dura prueba de fe que había enfrentado. Su única y amada niña se enfermó de tifus. Durante un tiempo, pareció que ella no viviría más. Después de su esposa, su hija era el tesoro terrenal más amado; pero él se guardó en paz, porque creía que si el Señor se la llevaba, sería para el bien de ella y de sí mismo, y para la gloria de Dios. Después de muchos días, Dios le restauró la salud.

Considerando el edificar más casas, le pareció mejor que en lugar de edificar una única segunda casa grande para el orfanato, edificaría, en el mismo terreno donde estaba la primera, otras dos casas más, capaces de acomodar a 1000 niños entre las tres. ¡Qué gozo hubo cuando en 1857 se inuguró la segunda casa!

En cierta ocasión, la caldera que se usaba para calentar la primera casa, estaba goteando. Fue a comienzos del invierno, y un recio viento frío comenzó a soplar del norte. Luego de suficiente consideración y oración, Jorge oró y le pidió al Señor que cambiase el viento del norte por un calmado viento que vieniera del sur, y, que les diese a los trabajadores el denuedo para trabajar y hacer las reparaciones lo más pronto posible. El día que tenían que apagar el fuego de la caldera, el Señor mandó un viento calmado. Los trabajadores decidieron trabajar toda la noche, y las reparaciones de la casa fueron hechas sin ocasionarles ningún daño a los niños, a causa del frío en los cuartos.

Movimiento del Espíritu Santo

En 1859, entre las huérfanas hubo un notable movimiento del Espíritu Santo. Sesenta y tres de las ciento veinte se convirtieron en un mes. En otra ocasión, como 200 niñas fueron movidas en sus almas, y la mayoría se convirtió. En 1866, aconteció un bendecido avivamiento, y más de 100 niños se convirtieron. En 1872, una epidemia de viruela les quitó la vida a algunos niños y también a algunos trabajadores. Esto hizo que comenzara otra obra de gracia, en la cual unos 700 huérfanos, según pareció, se entregaron al Señor

Un joven en Irlanda: Santiago McQuilkin, leyó el libro de Jorge y se impresionó mucho tocante a lo que se puede obtener a través de la fe y la oración. Fue así como reunió a unos de sus amigos para orar, y el resultado fue que decenas de miles de almas se convirtieron.

Al pasar los años, Dios prosperó a Jorge de tal manera que nunca más vio escasez de fondos. Una tercera casa fue edificada en 1862. Antes de terminar la tercera casa, se sintió guiado a edificar otra, para que una suma de 2000 niños pudiera ser acomodada. Dos casas más, la cuarta y la quinta, fueron edificadas, dando espacio para 2050 niños. Cuando fue difícil conseguir trabajadores para cuidar tal cantidad de niños, Jorge y su esposa empezaron a orar tres veces al día, en lugar de una sola vez como anteriormente lo hacían. Dios contestó sus oraciones y los trabajadores faltantes llegaron.

Los visitantes estuvieron grandemente impresionados por la limpieza y el orden en las casas, y, por la salud y la felicidad de los niños. Esto fue aún más asombroso, porque muchos de los huérfanos tuvieron padres que no gozaron de buena salud, muriendo estos en su juventud. Y muchos de los hijos heredaron sus debilidades.

Durante toda su vida, Jorge nunca tuvo terreno propio, tampoco tuvo ingresos personales en dinero o ganancias en especie, de lo cual él pudiera depender. Sus necesidades fueron provistas por creyentes que enviaban regalos, recibiendo estos solamente después de orar para que sus necesidades fuesen suplidas. Aunque era un hombre de fe y un hombre que tuvo comunión con Dios, también era un gran trabajador, y llevó a cabo obras increíbles. Se dijo de él: "Él ora como si Dios hiciera todo el trabajo, pero trabaja como si todo dependiera de él mismo".

A lo largo de los años, Jorge fue bendecido por Dios de tal manera que pudo dar cerca de tres millones de dólares a la obra misionera. Por medio de las Biblias y los folletos que distribuyó, miles de almas se convirtieron.

Jorge atribuyó el buen éxito del orfanato, incluso las casas y su ministerio en general, a su humilde esfuerzo de "hacer la obra de Dios a Su modo", buscándole solamente a Él para que fuera su guía y apoyo. Probó que hay poder en Dios, el que se aprovecha a través de la fe y la oración. Jorge pudo decir al fin de su vida, que ni siquiera una vez había pedido a otra persona dinero, ni públicamente ni privadamente: ¡solamente oraba!


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Fuente: http://www.elcristianismoprimitivo.com/jorgemuller.htm

sábado, 11 de septiembre de 2010

Vida y Ministerio de George Müller ( II Parte)


1ra Parte aqui

Institución del conocimiento de las Escrituras

Después de varios años de ministerio fructífero en Bristol, con su colaborador: el hermano Craik, sintieron ser guiados a establecer una institución misionera para difundir el evangelio, dentro de y fuera del país. La misma sería conocida como "La Institución del Conocimiento de las Escrituras". Esa incluía una escuela dominical para niños, escuelas diarias para niños, y de igual manera, escuelas dominicales y escuelas nocturnas para adultos, en las que se les instruía con bases bíblicas. La Institución también trabajaba en la distribución de Biblias y tratados, y ayudaba a los misioneros en sus obras.

Las bases para la obra de esa institución tenían que ser iguales a las que los mismos Müller siguieron: confiar totalmente en el Señor para suplir las finanzas, no contraer deudas y no suponer que el éxito de la institución fuera determinado por la cantidad de dinero que daba, ni por la cantidad de Biblias distribuidas, etcétera; pero, más bien el éxito se determinara por la bendición del Señor sobre la obra (Zacarías 4:6). Esto se consigue en la medida en que esperamos en el Señor, orando.

Después de varios meses de operación, oyeron de un huerfanito, quien había asistido a su escuela de plan diario, y se había afanado mucho por su alma a razón de las enseñanzas que había recibido allí. Pero el niño se puso muy triste cuando las autoridades de la ciudad le cambiaron de escuela, a una "casa de pobres" lejos de la escuela. Eso tocó muy profundamente el corazón de Jorge, y él deseó hacer algo para ayudar a los niños pobres.

Primer asilo de huérfanos

En 1835, a la edad de 30 años, Jorge se sintió guiado por Dios a establecer un hogar para huérfanos. Varias consideraciones le guiaron a esto. Él deseaba demostrarles a los creyentes que Dios quería probarse a sí mismo como el Dios Viviente, como fue en antaño con todos los que confiaron en Él. Jorge vio a padres que trabajaban 14 o 16 horas al día para proveer a sus familias. El demasiado trabajo no solamente les hacía daño físico, pero también les dificultaba tener tiempo adecuado para la oración y la lectura bíblica, así que sus vidas espirituales sufrían. Pero los padres que eran concienzudos en esto, apenas ganaban lo suficiente para mantener sus familias. ¿Cómo hacer para que trabajasen menos horas? Jorge quería que ellos vieran que era el Señor, y no el trabajo, el que los sustentaba.

Además había ciertos creyentes que estaban bastante preocupados en cuanto a su vejez, cuando ya no pudieran trabajar. Temían ir al asilo de los pobres. Jorge les quería demostrar, de igual modo, que Dios no desampara a los que confían en Él.

Sumado a todo esto, Jorge vio a ciertos cristianos negociantes que cedían un poco al mal, al igual que los hombres del mundo, para poder salir bien en sus negocios. Él quería que ellos confiaran en el Dios viviente, y que condujeran sus negocios honradamente, y de ese modo salir adelante; porque era Dios quién les bendecía y les honraba.

Además, había quienes trabajan en profesiones que no honraban a Dios, pero los mismos tenían miedo de dejar sus trabajos, y así (temían) quedarse desempleados. Jorge les quería demostrar la fidelidad inmutable de Dios, y Su deseo y capacidad de ayudar a todo aquel que le clama a Él.

Él mismo había confiado en Dios y en Su palabra, y había probado su fidelidad; y a los temerosos, quería animarles a hacer lo mismo. Si ellos le podían observar a él, un hombre sin muchas cosas materiales, establecer y mantener un orfanato por medio de la sola oración y fe, ciertamente ellos se animarían igualmente a confiar en el Señor. Y, posiblemente, los inconversos se convencerían de la realidad y veracidad acerca del vivo y genuino Dios. Y, claro, en su corazón estaba también el deseo de ayudar a los huérfanos, no solamente en aliviar su necesidad material, sino que también, guiarlos al camino de Dios.

Una tarde, leyendo las Escrituras, Jorge se asombró mucho por el texto: "Abre tu boca, y yo la llenaré" (Salmos 81:10). Aplicó lo mismo para el orfanato, le pidió al Señor un local que pudiese alquilar por mil libras esterlinas y por personas adecuadas que pudiesen hacerse cargo de ese trabajo. Dos días después, recibió su primer chelín [una moneda inglesa] para el orfanato. Obreros se ofrecieron a sí mismos. Amigos trajeron utensilios de hogar, muebles, telas para hacer ropas y sabanas para las camas. Una casa apropiada se alquiló. Donaciones en efectivo llegaron. Pero, se requirió 18 meses de diaria oración, antes de que las 1000 libras esterlinas llegaran. Alabanzas a Dios, porque Él supliría, estaban mezcladas con las oraciones; porque Jorge sentía que el mensaje de Marcos 11:24 era muy importante: "...todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá".

Un regalo sacrificador, de 100 libras esterlinas, vino de parte de una hermana pobre, quien no estaba bien de salud y sólo era capaz de ganar muy poco. Ella había recibido una pequeña herencia, y habiendo ya usado una buena porción de la herencia para las necesidades de su familia; ella dio esas 100 libras esterlinas para el orfanato. Cuando le preguntaron si ella realmente debía dar tal cantidad, su respuesta fue: "Él Señor Jesús ha dado su última gota de sangre por mí, ¿no puedo yo darle a Él estas 100 libras?"

Aunque Jorge había orado intensamente acerca de los detalles involucrados para establecer el orfanato, sus necesidades habían sido suplidas; pero había faltado orar por los niños. Cuando el tiempo llegó para abrir el asilo de niños, nadie había solicitado admisión. Entonces, rogó al Señor ansiosamente por postulantes y al día siguiente llegó el primero. Sus intenciones eran las de recibir niños de edades de 7 a 12 años. La casa pronto se llenó. Después de más oración, Jorge se sintió guiado a abrir un hogar para infantes.

Alrededor de un año y medio, después de abrir el primer hogar, el tercer orfanato se abrió; éste fue para varones de 7 a 12 años de edad. Milagrosamente, una casa en la misma calle donde estaban ubicadas los dos primeros orfanatos la habían desocupado y estaba disponible para este propósito. Jorge ahora tenía la responsabilidad de alimentar a 90 personas en cada comida, incluso a los trabajadores. Con una "familia" de este tamaño, Jorge pasó mucho tiempo arrodillado, entregándose a la oración. Él creía que Dios esperaba sus peticiones. Su esposa y uno o dos colaboradores escogidos fueron los únicos a quienes él enteró acerca de las condiciones financieras.


La fe probada

Durante los primeros años de los orfanatos, hubo muchas pruebas financieras. En cierta ocasión, cuando los fondos estaban muy escasos, Jorge convocó a dos reuniones especiales de oración, las cuales duraron desde las 6 hasta las 9 de la noche. Aun en este tiempo, él no mencionó la escasez de los fondos, más bien habló de la abundancia, con la cual Dios estaba supliendo las necesidades. Mientras meditaba en Hebreos 13:8, "Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos" un sobre le fue entregado, el cual contenía los fondos carentes.

En otra ocasión, Jorge no tenía ni un centavo para los huérfanos, y una mujer, mientras ella oraba sintió el deseo de donarles cinco libras: pero esas se acabaron rápidamente por la gran necesidad. Mientras las pruebas financieras seguían, él escribió:

"El Señor en su sabiduría y amor todavía no ha mandado ayuda. De dónde vendrá, no debo preocuparme. Pero creo que Dios, a su tiempo, mandará ayuda. Su hora todavía no ha llegado... Esta es la hora más dura que he pasado en la obra, por lo que necesitamos; pero sé que todavía he de alabar al Señor pidiendo su ayuda...".

Unos días después escribió: "El Señor misericordiosamente nos ha dado lo suficiente para nuestra necesidad diaria: pero Él nos está supliendo para la necesidad de cada día, y casi a la hora justa, como lo necesitamos...'. Mientras seguía la crisis, planteó convocar a la directiva y decirles de la necesidad. Pero en ese momento llegó una mujer con un regalo, diciendo que se había tardado demasiado en traerlo.

Algunos de los trabajadores daban lo que podían, uno vendiendo su reloj, y otros vendían algunos de sus libros. El Señor mantuvo a Jorge en paz, a pesar que las luchas eran arduas. Y, le permitió estar animado por medio del ver los frutos de su labor. En ciertos casos, como último medio, fueron reunidos todos los trabajadores y les contó de la gran necesidad. Se pusieron de acuerdo a no comprar nada que por lo cual no se pudiera pagar. Algunos de los trabajadores dieron todo lo que tenían. Jorge fue alentado en su corazón por las Escrituras, y, con la ayuda que recibió, animó los corazones de los trabajadores.

Cierto día, se vieron sin otro recurso, que el de vender cualquier cosa que tuvieran a la mano y que no fuera realmente necesaria. Pero antes que esto fuera llevado a cabo, una mujer vino con el dinero suficiente para las provisiones del día siguiente. La mujer se había hospedado durante varios días en la casa de la vecindad, con la intención de entregar esos fondos.

La reacción del Jorge al enterarse del acontecimiento fue así: "El hecho de que el dinero estuviera tan cerca de las casas del orfanato durante varios días, sin ser entregado, demuestra la clara verdad de que, desde el principio, estaba en el corazón de Dios ayudarnos; pero, a razón de que Él se deleita en las oraciones de sus hijos, Él nos permitió orar tanto tiempo; además de probar nuestra fe y para hacer aun más dulce su respuesta. Es verdaderamente una liberación preciosa. Proclamé en voz alta, con las alabanzas y gratitud al primer momento que me encontré solo, después de haber recibido el dinero."

En otra ocasión, los fondos estaban completamente finiquitados. Jorge se sintió guiado a hacer un paseo. Mientras caminaba, se encontró con un hermano, quien le estaba buscando y recibió de ese hermano los fondos que necesitaba para ese día. Si Jorge hubiera salido de su casa 30 segundos más tarde, no se habría encontrado con el hermano, ni tampoco hubiera recibido los fondos necesarios para el día.

Pese a que las necesidades de las casas del orfanato eran grandes, Jorge se sintió impulsado a orar por fondos extras, especialmente para las viudas de la comunidad, puesto que el precio del pan había subido. Luego, un hermano fue guiado a dar un regalo grande para este propósito, el cual asistió a muchas viudas, hasta que el precio del pan bajó un poco otra vez.

En un tiempo de gran necesidad, llegó un regalo de un hermano que tenía una familia grande y un sueldo pequeño. Él, cada vez que su jefe le daba dinero para comprar cerveza, lo apartó; él no usó ese dinero para tal vanidad, pues se había convertido.

Una mujer, que se mantenía de trabajos manuales, sacó sus ahorros del banco y los entregó a la obra que Jorge tenía a su cargo. El corazón de ella había sido tocado por las Escrituras: "Vended lo que poseéis, y dad limosna" (Lucas 12:33); y "No os hagáis tesoros en la tierra" (Mateo 6:19).

A veces en su diario se ve lo siguiente: "Hoy estamos especialmente pobres...". Una vez él anotó: "Después que el Señor ha probado nuestra fe, Él, en el amor de su corazón, nos da de su abundancia, para demostrar que no con ira, sino que para la gloria de su nombre y para la prueba de nuestra fe, nos ha permitido estar pobres...".

Con frecuencia, los trabajadores del orfanato se reunían a orar en la mañana, tarde y noche para que Dios supliese las necesidades.

En una ocasión de crisis, la necesidad del hogar fue suplida por medio del regalo de un misionero alemán pobre, quien apenas estaba comenzando el servicio misionero, y el regalo que les dio era todo lo que tenía. En otro tiempo de gran necesidad, una hermana, quien había tomado la decisión de vender algunos artículos que le habían sido enviados para ese propósito, reportó que, a pesar de que ella no se sentió bien por el hecho y que tardó en traer las ganancias de la venta, con todo eso, había sido tocada fuertemente por una impresión en su corazón de traerlo cuanto antes, y que ella no podía hacer más que llevarlo al hogar. Esos fondos se necesitaban en ese mismo momento.

Un día mientras ellos experimentaban una severa prueba de fe, el Señor puso en el corazón de un hermano, mientras caminaba a su trabajo, dar un regalo para los huérfanos. Ese hombre pensó que no iría al orfanato inmediatamente, pero regalaría algo esa tarde. Sin embargo, el Señor lo hizo sentirse obligado a tomar pasos a las casas de los huérfanos, en ese mismo momento. Si no hubiera sido por su regalo, ese día no habría tenido leche para los niños. Otro día, solamente faltaba una hora para que los niños tomaran el té de la tarde, pero no había nada de comida en las casas: hasta que un hermano llegó en esa hora, con el dinero suficiente para hacer las compras.

En algunos días, la necesidad fue tan urgente que aun los trabajadores sintieron la presión. ¡Pero Dios nunca falló! Esas provisiones "apenas a tiempo" hicieron que Müller exclamara: "¡Verdaderamente vale la pena estar pobre y grandemente probados en la fe, por el motivo de experimentar a diario tales preciosas pruebas, las cuales nuestro Padre cariñoso, con interés amante, nos hace pasar en todos los asuntos que nos conciernen! ¿Cómo puede hacer otra cosa nuestro Padre? Él, quien nos ha dado la prueba más grande que su amor podía hacer —darnos su propio Hijo—, ¿no nos dará también con Él todas las cosas?' (Romanos 8:32).

Jorge pudo escribir: "Aunque nuestras pruebas de fe durante estos 17 meses duraron más tiempo y fueron más agudas que las anteriores, sin embargo no faltaba ni la comida nutritiva ni la ropa necesaria para los huérfanos, durante todo ese tiempo."

Otra prueba de fe fue la de ver morir a su padre y a su hermano, aparentemente sin ser salvos. ¿Qué podía ser más duro? Pero aun en esto, Jorge encontró paz por medio de la palabra de la Escritura: "El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?" (Génesis 18:25). De igual modo, acudió a la Palabra de Dios para consuelo y paz, cuando falsas noticias circulaban; las que decían que los huérfanos no tenían suficiente para comer, y que eran tratados cruelmente.

Fuente: http://www.elcristianismoprimitivo.com/jorgemuller.htm

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viernes, 10 de septiembre de 2010

Vida y Ministerio de George Müller ( I Parte)


Una Vida Cristiana, Una Vida de Oración

El amor de nuestro SEÑOR es sin comparación, sin embargo ¡cuan a menudo parecemos olvidar Quien es nuestro Padre! Que maravilloso don es saber que tenemos libre entrada al trono de Su gracia a través de Cristo Jesús y que si encontramos nuestro deleite en El, él de hecho concederá los deseos de nuestros corazones y suplirá todas nuestras necesidades conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. (Filip 4:19)

Aquí, la vida de un hombre que le creyó a El y atestiguó a través de su vida la maravillosa gracia y la infinita paz que solo un corazón que confía en el SEÑOR puede hallar.

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La vida de confianza y dependencia en Dios de Jorge Müller es un gran testimonio de la bondad, fidelidad, poder y realidad de Dios. Y Dios, hoy, igualmente se mostrará a sí mismo a todo aquel que confíe en él.

La ejemplar vida de Jorge Müller, en cuanto a la fe y a la oración, no se puede acreditar a una crianza cristiana. Nació en 1805 en Prusia, y su niñez y juventud carecieron de enseñanza e influencia cristiana. No tuvo Biblia para leer. Su padre le daba a él y a su hermano demasiado dinero, considerando que eran solamente unos jóvenes: eso les permitió seguir en sus hábitos pecaminosos. Sin embargo, después de un tiempo, Jorge se propuso estudiar con empeño, y al fin llegó a aprender seis idiomas, incluyendo el hebreo, el latín y el griego.

Su padre le animó a ser ministro, puesto que eso le serviría a Jorge para darse una vida comodona, y así, cuando él se jubilase, podría vivir cómodamente con Jorge. Por lo tanto, Jorge comenzó a estudiar en un seminario teológico. Aunque era un estudiante religioso, no tenía conocimiento alguno del significado de la salvación, más bien continuaba su vida pecaminosa. Aunque sí, tenía deseos en su corazón de reformarse; pero sus esfuerzos para ese fin repetidamente fallaban.


El cambio

Cuando tenía casi veinte años, fue invitado al hogar de unos creyentes, un sábado por la noche, para asistir a un culto de oración. La reunión consistía de lecturas bíblicas, oración y lectura de un sermón escrito. La misma dejó una gran impresión en Jorge, y se fue a su casa con gran gozo en su corazón. Dios había comenzado una obra de gracia en su corazón, y éste fue el comienzo de un cambio en su vida. Aunque no conquistó todos sus hábitos pecaminosos en este tiempo, su vida sí fue diferente desde ese entonces en adelante. Rompió las amistades pecaminosas, y comenzó a leer la Biblia y a orar.

Él amaba el compañerismo de los creyentes y lo buscaba dondequiera que fuera posible. A veces caminaba hasta veinte kilómetros para poder oír a predicadores santos. Sus condiscípulos se burlaban de él. Cuando le escribió a su padre y a su hermano acerca de la nueva felicidad que había encontrado, su padre se disgustó mucho.

Una nueva luz y la ayuda vinieron a Jorge cuando un profesor, quien era un verdadero creyente: el Dr. Tholuck, vino al seminario. También se reunía con otros estudiantes creyentes que tenían cultos todos los domingos por la noche. Dios usó todo esto para guiar al joven creyente en su camino. El deseo de vivir completamente para Dios creció en su corazón, y él comenzó ansiosamente a prepararse para el servicio del Señor y a orar en cuanto a saber la voluntad de Dios para su vida.

Con los consejos del Dr. Tholuck, quien era temeroso de Dios, Jorge aplicó para ir a las comunidades de los judíos como misionero. Pero le pidieron que fuera a estudiar a Londres por un período de seis meses, como un tiempo de prueba. Su padre estuvo de acuerdo que fuese, pero parecía que había un obstáculo, que no podía vencer: Los jóvenes de Prusia tenían que servir un tiempo en el ejército. Al ser examinado por un médico y declarado físicamente incapaz, Jorge fue exento de comenzar su entrenamiento en el ejército carnal, pero esto le dio la oportunidad de empezar su entrenamiento misionero.

Después de llegar a Londres y estudiar mucho, se puso tan mal de salud que le parecía a él que iba a morir. Pero oró, pidiendo saber la voluntad del Señor, y pronto comenzó a recobrarse. Luego, se fue al campo para recuperarse aun más; y allí, bajo las enseñanzas de un hermano consagrado a Dios, comenzó a comprender que él necesitaba depender más de la dirección del Espíritu Santo, especialmente en cuanto a prepararse para predicar. Con esto, comenzó a dejar a un lado los comentarios y otros libros, e invirtió más tiempo a la lectura y estudio único de la Palabra de Dios.

"El resultado de esto", él dijo, "fue que la primera tarde que me encerré en mi cuarto para entregarme a la oración y meditación sobre las Escrituras, a las pocas horas aprendí más de lo que había aprendido durante los varios meses anteriores. Pero la diferencia particular era que yo recibí genuinas fuerzas para mi alma, cumpliéndolo..."

Cuando regresó a Londres para estudiar, Jorge les sugirió a sus compañeros que se reuniesen por las mañanas, de las seis a las ocho, para orar y leer las Escrituras, y para compartir lo que el Señor les estaba mostrando. Él relató que varias veces, en las tardes, después de un tiempo de devocional, encontró "una comunión tan dulce con Dios" que siguió orando hasta la medianoche, y, luego fue al cuarto de otro hermano, donde pasaron como dos horas en oración. Estando así, demasiado lleno de gozo para dormir, se quedaba despierto hasta las seis de la mañana, para orar con sus condiscípulos.

Su salud comenzó a empeorar otra vez, y sintió que no debía gastar más tiempo estudiando, sino que debía comenzar a servirle al Señor. Fue así, como comenzó a ministrar a los judíos que vivían en Londres y le fue relevada su obligación de servir en la sociedad de los misioneros, para que así pudiese servir a Dios según Él lo guiara.

Aprendiendo a esperar en Dios

No mucho después de dejar la escuela, le pidieron que pastorease una iglesia en Teignmouth. Siendo un pastor joven, llegó a darse cuenta que él no sabía cuál era el mejor texto para la congregación. Comenzó con el hábito de ir al Señor en oración, para decidir cual texto debía usar. A veces estaba de rodillas durante largo tiempo antes de que Dios le diera un texto apropiado. Si nada venía a su mente, calmadamente seguía leyendo las Escrituras en las partes donde él leía a diario, hasta que un texto le era traído a su memoria. También, hubo veces cuando tuvo que ir a los cultos sin texto alguno, pero lo recibió de Dios unos pocos minutos antes de predicar. El Señor siempre le fue fiel en proveerle, si él le había sido fiel en buscar su guianza, en la oración.

Era práctica de Jorge el meditar en el texto o el pasaje que seleccionara, con pluma en mano, escribiendo el bosquejo que venía a su mente. Rara vez usaba otro medio para entender las Escrituras, excepto otras buenas traducciones de la Biblia en otros idiomas. En la mayoría de los casos dependía únicamente de la oración.

Así, Jorge subía al púlpito, confiando que el Señor le traería a la memoria el mensaje en en el que había meditado; y a veces añadió nuevos pensamientos que le venían mientras predicaba. La mayoría de sus predicaciones consistieron en explicar las Escrituras, y se dice que aquellos que escuchaban sus sermones se pusieron fuertes y eruditos en la Palabra de Dios, más que la mayoría de otros creyentes.


Dependiendo de Dios por las finanzas

Unas pocas semanas después de casarse con la Señorita Mery Groves, los dos decidieron que él debería dejar de recibir los usufructos por vender las entradas a la iglesia. No creyeron que tal práctica fuera bíblica, más bien pensaron que la gente debería entrar gratis a la iglesia. Además, dudaban que algunos lo dieran con alegría. Se puso en la iglesia una caja, en la cual la gente podía depositar sus ofrendas para él. A veces las ofrendas fueron muy escasas. Y otras veces, los que administraban el dinero de la caja, tardaron en dárselo a tiempo. Como resultado, hubo veces cuando Jorge y su joven esposa no tuvieron lo suficiente para los gastos.

Pero Dios contestó sus fervientes oraciones, impresionando a algunos de la congregación al darles comida o dinero, satisfaciendose de esa manera sus necesidades, y animándoles en la fe. Ellos dos fueron diligentes para no contraer deudas, escogiendo más bien a vivir sin ellas. Además, deseaban dar testimonio de su plena confianza únicamente en el Dios Viviente.

Jorge escribió: "Esta manera de vivir, con frecuencia ha sido el medio por el cual la gracia ha vuelto a reanimar mi enfriado corazón, y me ha restablecido en el Señor después de un tiempo de reincidencia. Porque no es tolerable ni puede uno vivir en el pecado y a la vez mantener la comunión con Díos, para conseguir de los cielos todas las necesidades de esta vida presente. A menudo, una nueva respuesta a mi oración, cuando la obtuve de esta manera, me reanimó el alma, y llenó de mucho gozo".

A veces, ellos tuvieron que orar para que Dios les supliese la cena, mientras le daban gracias por el almuerzo. Y algunas veces Dios usaba los donativos de los pobres; pequeñas donaciones, pero preciosas, quizás una hogaza de pan.

Al cumplir el primer año de vivir sin sueldo, ellos descubrieron que habían recibido más de lo que solían ganar recibiendo el sueldo. Jorge dijo: "No he servido a un maestro cruel, y eso es lo que me da gozo de demostrar".

Después de un poco más de dos años en Tiegnmonth, fue guiado a mudarse a Bristol. Dios bendijo su ministerio allí y unas personas se convirtieron a razón de su ministerio. Mucha gente pobre vino a sus puertas, y tuvieron oportunidades de ayudarlos de la manera como Dios les suplía, con pan. También establecieron una escuela para niños: a los estudiantes les leían las Escrituras y les hablaban del Señor.


Fuente: http://www.elcristianismoprimitivo.com/jorgemuller.htm

lunes, 6 de septiembre de 2010

James Hudson Taylor PARTE FINAL


Continuación y conclusión de la fascinante biografía de este sencillo hombre que fue obediente al llamado de su Señor. Espero que conocer un poco mas de su vida haya sido de bendición para la suya, inspirándole y animándole a seguir a Cristo a cualquier costo.

PARTE FINAL & Conclusión


Poco después, de regreso en China, Taylor pudo comprobar con tristeza que la obra trastabillaba. En vez de hacer planes para su adelanto, apenas pudo atender lo necesario para robustecer lo que había. En esa circunstancia, su nueva esposa, Jenne Faulding, prestaba una gran ayuda. Al cabo de unos nueve meses pudo visitar cada centro y cada punto de predicación de la Misión. La obra cobró nueva fuerza.


Nuevos sueños

Un día lo siguió un anciano hasta donde él alojaba y le dijo: «Me llamo Dzing, y tengo una pregunta que me atormenta: ¿Qué voy a hacer con mis pecados? Nuestro maestro nos enseña que no hay un estado futuro, pero encuentro difícil creerlo… ¡Ah Señor! De noche me tiro en la cama a pensar. De día me siento solitario a pensar. Pienso, y pienso, y pienso más, pero no sé qué hacer con mis pecados. Tengo setenta y dos años.

No espero terminar otra década. ¿Puede usted decirme qué debo hacer con mis pecados?». Esta conversación, más el ver las multitudes en las grandes ciudades sin testimonio de Dios, produjo en Hudson Taylor una nueva urgencia por más obreros. En una de sus Biblias escribió: «Le pedí a Dios cincuenta o cien evangelistas nacionales y otros tantos misioneros como sean necesarios para abrir los campos en los cuatro Fus y cuarenta y ocho ciudades Hsien que están aún desocupados en la provincia de Chekiang. Pedí en el nombre de Jesús». Era el 27 de enero de 1874.

Poco después le fue entregada a Taylor una carta que traía una donación de 800 libras «para la obra en provincias nuevas». ¡La carta había sido enviada aún antes de que Taylor escribiera su petición en la Biblia!

Sin embargo, un llamado urgente desde Inglaterra por parte de la Srta. Blatchley –que estaba a cargo de los niños– lo obligó a viajar de inmediato. Luego supo que ella había muerto. Allí en Inglaterra le sobrevino una grave enfermedad a la columna, a causa de una caída que había tenido poco antes de salir de China. Como consecuencia, estuvo paralizado de sus piernas, totalmente postrado.

Allí, solo, en su lecho de dolor –su esposa estaba lejos atendiendo otras necesidades–, con la carga de la inmensa obra sobre su corazón y con poca esperanza de volver a caminar, surgió, sin embargo, el mayor crecimiento para la Misión al Interior de China. En 1875 publicó un folleto titulado: «Llamamiento a la oración a favor de más de 150 millones de chinos», en el cual solicitaba la cooperación de dieciocho misioneros jóvenes que abrieran el camino.

En poco tiempo se completó el número solicitado, y él mismo, desde su lecho, comenzó a enseñarles el idioma chino. ¿Cómo explicaba Taylor las extrañas circunstancias en que se dio esta expansión? «Si yo hubiera estado bien (de salud) y pudiera haberme movido de un lugar a otro, algunos hubieran pensado que era la urgencia del llamamiento que yo hacía y no la obra de Dios lo que había enviado a los dieciocho a China».

Las formas cómo el Señor proveía para las necesidades para la Misión eran variadas y asombrosas. Cierta vez viajaba con un noble amigo ruso que le había escuchado hablar. «Permítame darle una cosa pequeña para su obra en China», le dijo, extendiéndole un billete grande.

Taylor, pensando que tal vez se había equivocado, le dijo: «¿No pensaba darme usted cinco libras? Permítame devolverle este billete, pues es de cincuenta». «No puedo recibirlo», le contestó el conde no menos sorprendido. «Eran cinco libras lo que pensaba darle, pero seguramente Dios quería que le diera cincuenta, de manera que no puedo tomarlo otra vez.» Al llegar a casa, Taylor halló que todos estaban orando. Era fecha de enviar otra remesa para China, y aún faltaban más de 49 libras. ¡Ahí entendió Taylor por qué el conde le había dado 50 libras y no 5!

Durante los próximos años, los pioneros de la Misión viajaron miles de kilómetros por todas las provincias del interior. Sin embargo, lo mucho que ellos hacían era, en verdad, tan poco comparado con los millones de chinos que diariamente morían sin Cristo. Taylor se percató de que la única manera de alcanzar a toda China era incorporando al servicio a los mismos chinos.

«Yo miro a los misioneros (extranjeros) como el andamio alrededor de un edificio en construcción; cuanto más ligero pueda prescindirse de él, tanto mejor».

El desbordamiento

En 1882 Taylor oró al Señor por setenta misioneros, los cuales Dios fielmente proveyó en los tres años siguientes, con su respectivo sustento. El reclutamiento de los Setenta trajo una gran conmoción en toda Inglaterra, notificando a todo el pueblo cristiano de la gran obra que Dios estaba realizando en China. Otros conocidos siervos de Dios, como Andrew Bonar y Charles Spurgeon, se sumaron al apoyo a la Misión.

Cuatro años más tarde, Taylor da otro paso de fe, y pide al Señor cien misioneros. Ninguna Misión existente había soñado jamás en enviar nuevos obreros en tan gran escala. En ese tiempo, la Misión tenía sólo 190 miembros y pedirle a Dios un aumento de más del cincuenta por ciento ¡era algo impensable! Sin embargo, durante 1887, milagrosamente, seiscientos candidatos venidos de Inglaterra, Escocia e Irlanda, se inscribieron para enrolarse. Así, el trabajo de la Misión se esparció por todo el interior del país según era el deseo original de Taylor. ¡Al final del siglo XIX, la mitad de todos los misioneros del país estaban ligados a la Misión!

En octubre de 1888, Taylor visita Estados Unidos, donde fue recibido afectuosamente en Northfield por D. L. Moody, desde donde emprendió el regreso a China, pero no solo: le acompañaban 14 jóvenes misioneros más, procedentes de Estados Unidos y Canadá.Durante los próximos años, Taylor vio extenderse su ministerio a todo el mundo. Compartió su tiempo visitando América, Europa y Oceanía, reclutando misioneros para China. Fueron los años del desbordamiento espiritual, que ahora se extendía por todos los confines de la tierra.

Un carácter transformado

El carácter de Taylor había alcanzado una gran semejanza con su Maestro. He aquí el testimonio de un ministro anglicano que le hospedó: «Era él una lección objetiva de serenidad. Sacaba del banco del cielo cada centavo de sus ingresos diarios – ‘Mi paz os doy’. Todo aquello que no agitara al Salvador ni perturbara su espíritu, tampoco le agitaría a él. La serenidad del Señor Jesús en relación a cualquier asunto, y en el momento más crítico, era su ideal y su posesión práctica.

No conocía nada de prisas ni de apuros, de nervios trémulos ni agitación de espíritu. Conocía esa paz que sobrepuja todo entendimiento, y sabía que no podía existir sin ella… Yo conocía las ‘doctrinas de Keswick, y las había enseñado a otros, pero en este hombre se veía la realidad, la personificación de la ‘doctrina Keswick’, tal como yo nunca esperaba verlo».

La lectura de la Biblia era para él un deleite y un ejercicio permanente. Un día, cuando ya había pasado los setenta años, se paró, Biblia en mano, en su hogar en Lausanne, y le dijo a uno de sus hijos: «Acabo de terminar de leer la Biblia entera por cuarentava vez en cuarenta años». Y no sólo la leía, sino que la vivía.

En abril de 1905, a la edad de 73 años, Taylor hizo su último viaje a China. Su esposa Jennie había fallecido, y él había pasado el invierno en Suecia. Su hijo Howard, que era médico, acompañado de su esposa, decidieron acompañar a Taylor en este viaje. Al llegar a Shangai, él visitó el cementerio de Yangchtow, donde estaba sepultada su esposa María y cuatro de sus hijos.

Mientras recorrían las ciudades chinas, Howard pudo comprobar el gran amor que todos le dispensaban a su padre, y también conocer cuál era el secreto de su prodigiosa vida espiritual.

Para Taylor, el secreto estaba en mantener la comunión con Dios diaria y momentáneamente. Y esto se podía lograr únicamente por medio de la oración secreta y el alimentarse de la Palabra. Pero ¿cómo obtener el tiempo necesario para estos dos ejercicios espirituales? «A menudo, cuando tanto los viajeros como los portadores chinos habían de pasar la noche en un solo cuarto (en las humildes posadas chinas), se tendían unas cortinas para proveer un rincón aislado para nuestro padre, y otro para nosotros.

Y luego, cuando el sueño había hecho presa de la mayoría, se oía el chasquido de un fósforo y una tenue luz de vela nos avisaba que Hudson Taylor, por más cansado que estuviera, estaba entregado al estudio de su Biblia en dos volúmenes que siempre llevaba. De las dos a las cuatro de la madrugada era el rato generalmente dedicado a la oración – el tiempo cuando podía estar seguro de que no habría interrupción en su comunión con Dios. Esa lucecita de vela ha sido más significativa para nosotros que todo lo que hemos leído u oído acerca de la oración secreta; esto significaba una realidad – no la prédica, sino la práctica».

Después de haber recorrido todas las misiones establecidas por él, Hudson Taylor se retiró a descansar una tarde de junio de 1905, y de este sueño despertó en las mansiones celestiales.



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sábado, 4 de septiembre de 2010

James Hudson Taylor PARTE III

From The Story of The China Inland Mission by ...

Para leer la Primera y Segunda parte haz clic en cada link.


Biografía:James Hudson Taylor PARTE III
Nace la Misión al Interior de China

Muy pronto la casa de los Taylor en Inglaterra comenzó a llenarse de candidatos. La publicación del libro «La necesidad espiritual y las demandas de China» ayudó a despertar el interés por la obra de Dios en ese país. Sin embargo, las peculiaridades de la nueva Misión (denominada «Misión al Interior de China») alejaba a muchos, porque ella no solicitaba dinero, ni aseguraba un sueldo a sus misioneros. Pese a esto fue tal la respuesta, que hubo que avisar que cesaran las donaciones, porque las necesidades estaban cubiertas.

El 26 de mayo de 1866 Hudson Taylor salió con el primer grupo de 16 colaboradores rumbo a China. Este primer viaje no estuvo exento de peripecias, pues estuvieron a punto de naufragar en más de una oportunidad. Pero, gracias a Dios, llegaron sanos y salvos, y se establecieron en Hang-chow. Al año siguiente la familia Taylor vivió una profunda tristeza por la partida de su hija Gracie, de ocho años; sin embargo, la obra se extendía rápidamente por el Gran Canal hacia el interior.

Hudson Taylor enfrentó por ese tiempo otras pruebas muy fuertes. Una fue el motín de Yangchow, en que estuvo a punto de perder la vida, y otro, el descrédito que sufrió a manos de algunos miembros de su propio equipo, quienes regresaron a Inglaterra y lograron desanimar a algunos colaboradores.

Debido a esto hubieron de enfrentar algunas estrecheces económicas, pero fue entonces que se manifestó la fidelidad de un conocido hombre de Dios: George Müller. Su nombre se había hecho conocido, pues sostenía por la sola fe y la oración, sin aportes fijos ni solicitar fondos, un orfanato de unos dos mil niños y niñas. Müller no sólo tenía carga por los huérfanos de Inglaterra, sino también por la evangelización en China, y así lo hizo notar en muchas ocasiones.

Con sus oraciones, sus cartas y sus aportes, muchas veces infundió ánimo a los misioneros a la distancia. Las contribuciones de Müller durante los años siguientes alcanzaron la no despreciable suma de casi diez mil dólares anuales, ¡pese a que necesitaba mirar al Cielo diariamente por el sustento de sus propios huerfanitos!

La gran experiencia espiritual

En septiembre de 1869 Hudson Taylor entró en una experiencia espiritual que marcó su vida, y de la cual habría de compartir a muchos durante sus años siguientes. Él la llamó de la «vida canjeada». Poco antes había estado muy desanimado, por la falta de comunión con su Señor, y por la escasez de frutos, y no sabía cómo podría mejorar.

Pero la llegada de una carta de su amigo Juan McCarthy en que le contaba su propia experiencia, gatilló en él la solución tan anhelada. ¿En qué consistió? En ver, a partir de Juan capítulo 15, cómo permanecer en Cristo, y recibir de él la fuerza necesaria para una vida victoriosa. Después de esto, Hudson Taylor fue otro hombre. ¡Aquella fue una experiencia que sería capaz de resistir todos los embates del tiempo! (Ver artículo «El secreto espiritual de Hudson Taylor», pág. 74).

Pruebas y expansión

Pronto se acercaban, sin embargo, algunas experiencias familiares aún más dolorosas que las ya vividas. En medio de una época muy agitada en la vida de China –la matanza de Tientsin– el matrimonio Taylor tuvo que separarse del resto de sus hijos para enviarlos a Inglaterra para su educación. Y poco después, en julio de 1870, muere un hijo recién nacido y, a los pocos días, María Dyer, quien contaba apenas con treinta y tres años. En estas circunstancias, Hudson Taylor tuvo que echar mano más que nunca el consuelo procedente de sus experiencias espirituales.

«¡Cuánta falta me hacía mi querida esposa y las voces de los niños tan lejos allá en Inglaterra! Fue entonces que comprendí por qué el Señor me había dado ese pasaje de las Escrituras con tanta claridad: ‘Cualquiera que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás’. Veinte veces al día, tal vez, al sentir los amagos de esa sed, yo clamaba a él: ‘¡Señor, tú prometiste!’ Me prometiste que jamás tendría sed otra vez’ Y ya fuera de noche o de día, ¡Jesús llegaba prestamente a satisfacer mi corazón dolorido! Tanto fue así que a veces me preguntaba si mi amada estaría gozando más de la presencia del Señor allá, que yo en mi cuarto, solitario y triste». Al año siguiente, Taylor tuvo severos dolores del hígado y del pulmón, y muchas veces tuvo dificultades para respirar. Sin embargo, junto a cada dolor físico había el profundo consuelo de una vivencia más íntima con Cristo.

La renuncia del matrimonio Berger, que dirigía la Misión en Inglaterra, obligó a Taylor a viajar a ese país en 1872. Allí, en los próximos quince meses, organizó un Consejo de apoyo a la Misión, mientras oraban intensamente en reuniones realizadas en su casa. F. W. Baller, un joven creyente que llegó a ser después un íntimo colaborador, escribió lo siguiente cuando le vio por primera vez en una de esas reuniones: «El Sr. Taylor inició la reunión anunciando un himno, y sentándose al armonio, dirigió el canto. Su aspecto no era muy imponente.

Era pequeño de estatura y hablaba en voz baja. Como todo joven, quizá yo asociaba la importancia con la bulla y buscaba mejor presencia de un líder. Pero cuando dijo «oremos», y procedió a dirigir la oración, cambié de opinión. Nunca había oído a nadie orar así. Había una sencillez, una ternura, una audacia, un poder que me subyugó y me dejó mudo. Me di cuenta que Dios le había admitido en el círculo íntimo de comunión con él».

Cierto día, parado frente al mapa de China, Taylor se volvió hacia unos amigos que le acompañaban y dijo: «¿Tienen fe ustedes en pedir conmigo a Dios dieciocho jóvenes que vayan de dos en dos a las nueve provincias que aún quedan por evangelizar?». La respuesta fue afirmativa; así que allí mismo, tomados de las manos delante del mapa, se pactaron con toda seriedad para orar diariamente por los obreros que se necesitaban.

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fuente: FACEBOOK/Biografias Cristianas
La mayoría de estas biografías (sino es que todas) fueron escritas por del blog desaparecido de biografías de Daniel Dañeiluk autor del OJO PROTESTANTE y otras fuentes...

ATTE.
PASTOR

LUIS E. ALVARADO


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viernes, 3 de septiembre de 2010

Prepara el camino al Señor

Ésta canción es para todo Cristiano que escucha la voz del Pastor. Ahora es tiempo, Jesús viene pronto. Preparemos Su camino. Prediquemos el Evangelio de Salvación, busquemos que se establezca Su Reino en los corazones de todo hombre.

Cómo aquel sublime latir de los corazones de unos hermanos misioneros moravos, gritemos a viva voz:

"¡Que el Cordero que fue inmolado reciba la recompensa de Su sufrimiento!"

James Hudson Taylor PARTE II

Hudson Taylor.Image via Wikipedia

Aquí está la segunda parte de la vida y obra misionera de éste hermano en la fe. Dios te bendiga abundantemente, mientras buscas agradarle a Él y obedecer Su llamado. Jesús viene pronto! ¡Prepara el camino al Señor!

Para leer la primera parte de esta biografía haz clic aquí.


Biografía:James Hudson Taylor PARTE II
Noviazgo y matrimonio

En Ningpo, una nueva familia, los Jones, había llegado y la comunidad misionera era ferviente en espíritu. Una vez a la semana ellos cenaban en la escuela dirigida por la Srta. Mary Ann Aldersey, una dama inglesa de 60 años, reputada por ser la primera mujer misionera en China. Ella tenía dos jóvenes ayudantes, Burella y María, hijas de Samuel Dyer, uno de los primeros misioneros en China.

El día de Navidad de 1856, el grupo misionero tuvo una celebración donde comenzó una amistad entre Hudson y María. Esta joven era muy agraciada y simpática, además de una ferviente cristiana. Muy pronto compartieron los mismos anhelos y aspiraciones de santidad, de servicio y acercamiento a Dios, y aun la indumentaria oriental que llevaba Taylor. Taylor tuvo que cumplir una importante misión en Shanghai, pero le escribió a María pidiéndole formalizar un compromiso. Obligada por la Srta. Aldersey –que menospreciaba al joven– María se negó.

Ante esto, ambos se abocaron a la obra del Señor, y oraron. Más tarde, al comprobar que el sentimiento mutuo persistía, decidieron pedir la autorización al tutor de ella, que vivía en Londres. Tras cuatro largos meses de espera, llegó la respuesta favorable.

El tutor se había enterado en Londres de que Hudson Taylor era un misionero muy promisorio. Todos los que le conocían daban buen testimonio de él.

Así, con todo a favor, decidieron comprometerse públicamente en noviembre de 1857. En enero de 1859, poco después de que María cumpliera los 21 años, se casaron y se establecieron en Ningpo. «Dios ha sido tan bueno con nosotros.

En realidad, ha contestado nuestras oraciones y ha tomado nuestro lugar en contra de los fuertes. ¡Oh, que podamos andar más cerca de él y servirle con mayor fidelidad!».

El trabajo en el grupo continuó. John Jones fue el pastor, María dirigió la escuela de niños mientras el pequeño grupo de Taylor en Ningpo continuó la obra misionera en la gran ciudad inconversa. Por este tiempo se convirtió un chino, presidente de una sociedad idólatra, que gastaba mucho tiempo y dinero en el servicio de sus dioses. Luego de escuchar la Palabra por primera vez dijo: «Por mucho tiempo he estado en busca de la verdad, sin encontrarla. He viajado por todas partes, y no he podido hallarla. No he podido encontrar descanso en el confucianismo, el budismo ni en el taoísmo. Pero ahora sí he encontrado reposo para mi alma en lo que hemos oído esta noche. De ahora en adelante soy creyente en Jesús». En seguida fue un fiel testigo de Cristo entre sus antiguos compañeros.

Un día le preguntó a Taylor: «¿Cuánto tiempo han tenido las Buenas Nuevas en su país?». «Algunos centenares de años», le respondió Hudson algo vacilante. «¿Cómo dice? ¿Centenares de años? Mi padre buscaba la verdad y murió sin conocerla. ¡Ah! ¿Por qué no vino antes?». Ese fue un momento doloroso para Hudson Taylor, que jamás pudo borrar de su conciencia, y que profundizó en él su ansia de llevar a Cristo a aquellos que aún podían recibirlo.

El tratado de Tientsin, en 1860, dio nuevas libertades a los misioneros. Por fin se había abierto la puerta de entrada a las provincias del interior. Por ese tiempo, el doctor Parker tuvo que dejar sus labores en el hospital y en dispensario que dirigía, y Hudson Taylor se vio constreñido a tomar también esa responsabilidad. Los nuevos creyentes chinos se ofrecieron para colaborar y, contra todo lo humanamente esperado, la atención mejoró, los recursos no faltaron, y aun se comenzó a respirar en el ambiente la vida de Cristo. En los nueve meses siguientes hubo 16 pacientes bautizados, y otros 30 se incorporaban a la iglesia.

Un paréntesis necesario

Sin embargo, la salud de Taylor se quebrantó gravemente, tanto, que un descanso parecía ser su única esperanza de vivir. Así que dejaron Shanghai, llegando a Inglaterra en noviembre, 1860, siete años después de que él había partido para China. Vivieron en Bayswater, donde nació su primer hijo varón, Herbert, en abril de 1861 (Grace había nacido el año anterior). Comprendiendo que no podría volver tan pronto, Hudson emprendió varias tareas. Primero, la revisión del Nuevo Testamento de Ningpo, por petición de la Sociedad Bíblica.

Luego, la reanudación de sus estudios de medicina. La atención, a la distancia, de la obra en Ningpo, y la realización de reuniones con juntas misioneras denominacionales, instándoles a asumir la evangelización del interior de China. Esta última tarea era la que más le urgía; sin embargo, aunque por todas partes lo escuchaban con simpatía, pronto quedó de manifiesto que ninguna de ellas estaba dispuesta a asumir la responsabilidad por tan grande empresa.

Por petición del redactor de una revista denominacional, Hudson comenzó a escribir una serie de artículos para despertar el interés en la Misión en Ningpo, el que más tarde se transformó en un libro. Con el mapa de China en una pared de su pieza, Hudson oraba y soñaba con una evangelización a fondo por todas las provincias de ese gran país. La oración llegó a ser la única forma en que pudo aliviar la carga de su alma.

Poco a poco, empezó a brillar una luz en su espíritu. Ya que todas las puertas se cerraban, tal vez Dios quería usarlo a él para contestar sus propias oraciones. ¿Qué pasaría si él buscara sus propios obreros, y fuera con ellos? Pero su fe también parecía flaquear ante tamaña empresa. Por el estudio de la Palabra aprendió que lo que se necesitaba no era un llamamiento emocional para conseguir apoyo, sino la oración fervorosa a Dios para que él enviara obreros. El plan apostólico no era conseguir primero los medios, sino ir y hacer la obra, confiando en Dios.

Sin embargo, sentía que su fe aún no llegaba a ese punto. Pronto la convicción de su propia culpabilidad se agudizó más y más, hasta llegar a enfermar. Pero he aquí que Hudson Taylor tuvo una experiencia que habría de cambiar la historia.

Un día, un amigo le invitó a Brighton para pasar unos días junto al mar. El domingo fue a la reunión de la iglesia, pero el ver a la hermandad que, despreocupada, se gozaba en las bendiciones del Señor, no lo pudo soportar.

Le pareció oír al Señor hablarle de las «otras ovejas» allá en China, por cuyas almas nadie se interesaba. Sabía que el camino era pedir los obreros al Señor. Pero una vez que Dios los enviase, ¿estaba él en condiciones de guiarlos y hacerse cargo de ellos? Salió apresuradamente para la playa, y se puso a caminar por la arena.

Allí Dios venció su incredulidad y él se entregó enteramente a Dios para ese ministerio. «Le dije que toda responsabilidad en cuanto a los resultados y consecuencias tendría que descansar en Él; que como siervo suyo a mí me correspondía solamente obedecerle y seguirle; a Él le tocaba dirigir, cuidar y cuidarme a mí y a aquellos que vendrían a colaborar conmigo. ¿Debo decir que en seguida la paz inundó mi corazón?»Allí mismo le pidió a Dios 24 obreros, dos para cada una de las provincias que no tenían misionero, y dos para Mongolia. Escribió la petición en el margen de la Biblia que llevaba y regresó a casa, lleno de paz.Muy pronto Dios habría de comenzar a ordenar el escenario para contestar esta petición.


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fuente: FACEBOOK/Biografias Cristianas
La mayoría de estas biografías (sino es que todas) fueron escritas por del blog desaparecido de biografías de Daniel Dañeiluk autor del OJO PROTESTANTE y otras fuentes...

ATTE.
PASTOR

LUIS E. ALVARADO

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